lunes, 6 de septiembre de 2010

Nos vemos en la siguiente función. O no. ¿Quién sabe?

Eran las 18.00 hrs, el teatro estaba vacío. El mismo ritual de siempre antes de afinar a ‘la Filo’. En mi camerino desenfundaba la guitarra, a mi Filo. La acariciaba, la olía y me recostaba sobre ella con el fin de sentir sus curvas y el olor de su madera. Era mi Chanel particular. El silencio que envolvía aquel enorme teatro-ópera era roto por el andar de mis pasos en el parqué y por la respiración fatigosa de uno de los encargados de aquel escenario. Mis manos sudaban, pero Filo era asida con firmeza y delicadeza. Mandé correr el telón y encender las luces cenitales que colgaban sobre mi cabeza. Me senté en la silla escogida para la ocasión y procedí a calentar mis dedos sobre las cuerdas. Los sonidos eran perfectos, limpios y preparados para arrancar los aplausos de quien había comprado las entradas con dos meses de antelación. A las 20.00 hrs, se abrieron las puertas del teatro y el auditorio comenzó a llenarse de oyentes con sus mejores galas. Desde mi camerino podía escuchar el murmullo del patio de butacas junto a la música ambiental que acompañaba los previos a la actuación. Como en todos los previos de mis actuaciones los nervios recorren mi cuerpo como un cosquilleo que no termina hasta que de saco de la billetera la terrible y afamada compañera del tabique de mi afilada nariz. Al igual que con la Filo, esnifar la maldita coca posee su propio ritual. La extiendo sobre el DNI y, con mi cara de fondo, comienzo su cortado con la visa Oro. La maestría que tengo en mis manos cuando toco las cuerdas de la Filo, es la misma que empleo cuando corto en rayas paralelas mi gramo de coca... 13.00 hrs. Una mascarilla cubre mi rostro y mi cuerpo está cubierto por parches que mandan señales al monitor. Otra sobredosis, otra función menos.
Lo siento por los que me fueron a ver pero ya tendrán más ocasiones, y si no, que me descarguen del e-mule.

1 comentario:

cal_2 dijo...

bueno, este no sé si podrás revivirlo como deseo que hagas con Pedro. Me ha gustado mucho lo que has escrito. Como siempre, claro