miércoles, 29 de diciembre de 2010

DON VICENTE

No paraba de rumiar chicle. Su mandíbula era la viva imagen de la quijada de una vaca que pace en esos verdes prados cántabros. Don Vicente marcaba la diferencia con aquella especie del reino animal haciendo enormes pompas que iba explotando a modo de pedorretas.
Siempre le recordaremos dando largos paseos por el pasillo del colegio, con las manos entrelazadas a su espalda, con la mirada inquisidora para quienes estábamos a deshoras o marcaban su última carrera antes de entrar en la clase. Don Vicente era el maestro que ayudaba a aquellos que más lo necesitaban y que habían sido desechados de los distintos grupos por no llegar al mínimo requerido.
Nadie quiso darle un grupo para que le tutorizara. Decían que ya estaba pasado de rosca, que no sabía si iba o venía y, la verdad sea dicha, algo “pa’llá” sí que estaba. Pero era buena persona.

Desde que pasé por sus manos reconozco que mi vida cambió. Me enseñó a ver que los quebrados no eran quebradores de cabezas, que las frases eran más simples que complejas y que las ciencias eran las explicaciones de lo que en apariencia era inexplicable.
Sencillez ante lo complejo, ese podía ser el resumen de su vida.

Los años me ayudaron a entender que cualquiera que hubiera padecido lo que D. Vicente, hubiera caído sumido en la más oscura de las tinieblas y habría terminado pasado de rosca, o a lo peor, colgado de la misma manera que el Iscariote. Efemérides del 15 de junio del 63. Ahí estaba la respuesta

domingo, 10 de octubre de 2010

VIVA SANTA TERESA

“Cuando abrieron la puerta de la celda, con el chorro de luz y un golpe de viento entró también el ruido de la calle que los muros de piedra apagaban...” ahí se me había terminado la inspiración.
En casa siempre me dijeron que ojalá nos llegara la inspiración cuando estuviésemos trabajando. A mí me llegó, pero también se me fue. Así que no me quedaba más remedio que ir a buscarla.
¿Cómo seguir enfrentándome a aquel nuevo reto? Tenía que tener preparado un borrador para la editorial en menos de 30 días. Cada segundo que marcaba el reloj se me hacía interminable. Las ideas no llegaban, el parpadeante marcador del Pages no avanzaba, mis músculos estaban agarrotados y mi aparato digestivo no hacía más que recordar al organismo que había que reequilibrase de nuevo.
Esta vez decidí no tomar ningún Tranquimazín, lo que hubiera de ser, sería. A la izquierda del Mac puse el pack de seis cocacolas y una botella de mi Santa Teresa del alma, a la cual me encomendé, todo sea dicho de paso; y a la derecha el dossier que me ayudaría a organizar cada una de las frases que conformarían el esqueleto del nuevo libro.
Los protagonistas estaban elegidos, la ubicación de la historia también. Santa Teresa estaba obrando el milagro de la continuidad y al hijoputa de la editorial estaba a punto de darle con el borrador en los morros.
Estuve insoportable, no permití que nadie me molestara y mucho menos que tocaran cualquier cosa que conformaba lo que habían de llamar como mi lugar de trabajo. De hecho, mi estudio parecía el piso de un estudiante que hubiera hecho botellón en casa...
Diez días después el premiazo, cientos de entrevistas y la ola de todos los editorialistas con los que había trabajado. PELOTAS DE LOS COJONES

--------------------------------------------------------------------------------------------------
P.D: Cualquier parecido con el comienzo del último libro de Vargas Llosa es pura coincidencia; jajajaja Supongo que el robo de un par de líneas justifique la ausencia de ideas.

P.D2: Acudiré a Santa Teresa y a las cocacolas

domingo, 12 de septiembre de 2010

PIS A DESTIEMPO

Eran ya las 3.15 am cuando veníamos de boda por una de esas carreteras secundarias que unen los pueblos más escondidos de la geografía nacional. El X5 recién estrenado para la ocasión ponía a prueba los amortiguadores, las luces de xenón y todos los extras que habían pasado a formar parte de una nueva hipoteca para los próximos 5 años.

Míchel tenía la risa floja. Los cubatas de última hora le habían hecho abrir el tarro de las esencias de la tontería. Era el solterón de oro. Iba de copiloto dándome conversación mientras Lucía, mi mujer, dormía la mona tumbada en la parte de atrás. Un bache hizo que nuestra vejiga tomara protagonismo y pidió que parasemos en una cuneta de esas llenas de cardos y brozas junto al hito del km 11. La luz y la sombra que proyectábamos nos permitía jugar con los caños de orín y dibujar sobre el suelo impresiones abstractas y efímeras.
Terminados nuestros asuntos y con las mismas nos subimos de nuevos en el coche.

Camela y los berridos del dúo cebolleta eran la banda sonora de la ruta de vuelta. Todo iba bien, perfecto hasta que en la entrada de la ciudad llamé a Lucía. No respondía. Miré hacia atrás y mi mujer no estaba. Solamente su bolso, su móvil y el vacío del espacio que había ocupado.
Míchel tampoco daba crédito a aquel misterio. La congoja pudo con nosotros. Ni música ni nada. Dimos media vuelta y emprendimos el camino andado hasta el hito del km 11. A las 10 de la mañana sonó mi móvil. Era Lucía. Se encontraba en Villamartín en casa de un matrimonio de jubilados al que había llegado casi a las 8 de la mañana tras cruzar las eras y las tierras de los oriundos de Tierra de Campos.

Ella también bajó a mear.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Nos vemos en la siguiente función. O no. ¿Quién sabe?

Eran las 18.00 hrs, el teatro estaba vacío. El mismo ritual de siempre antes de afinar a ‘la Filo’. En mi camerino desenfundaba la guitarra, a mi Filo. La acariciaba, la olía y me recostaba sobre ella con el fin de sentir sus curvas y el olor de su madera. Era mi Chanel particular. El silencio que envolvía aquel enorme teatro-ópera era roto por el andar de mis pasos en el parqué y por la respiración fatigosa de uno de los encargados de aquel escenario. Mis manos sudaban, pero Filo era asida con firmeza y delicadeza. Mandé correr el telón y encender las luces cenitales que colgaban sobre mi cabeza. Me senté en la silla escogida para la ocasión y procedí a calentar mis dedos sobre las cuerdas. Los sonidos eran perfectos, limpios y preparados para arrancar los aplausos de quien había comprado las entradas con dos meses de antelación. A las 20.00 hrs, se abrieron las puertas del teatro y el auditorio comenzó a llenarse de oyentes con sus mejores galas. Desde mi camerino podía escuchar el murmullo del patio de butacas junto a la música ambiental que acompañaba los previos a la actuación. Como en todos los previos de mis actuaciones los nervios recorren mi cuerpo como un cosquilleo que no termina hasta que de saco de la billetera la terrible y afamada compañera del tabique de mi afilada nariz. Al igual que con la Filo, esnifar la maldita coca posee su propio ritual. La extiendo sobre el DNI y, con mi cara de fondo, comienzo su cortado con la visa Oro. La maestría que tengo en mis manos cuando toco las cuerdas de la Filo, es la misma que empleo cuando corto en rayas paralelas mi gramo de coca... 13.00 hrs. Una mascarilla cubre mi rostro y mi cuerpo está cubierto por parches que mandan señales al monitor. Otra sobredosis, otra función menos.
Lo siento por los que me fueron a ver pero ya tendrán más ocasiones, y si no, que me descarguen del e-mule.

sábado, 28 de agosto de 2010

¡1, 2, 3 Cámara. Acción!

La claqueta marcó la salida a la última escena que grabaríamos para la peli que augurábamos de serie ‘B’. La directora estaba que se subía por las paredes, a punto de dar claquetazo a aquel proyecto subvencionado por el departamento de cultura joven.
Tuvimos 45 días para elaborar el proyecto, registrarlo en la SGAE y esperar a que nos concedieran la subvención para arrancar la ópera prima de Tina.

Festival tras festival fuimos presentando nuestra peli a concursos, certámenes hasta que recalamos en la Semana de cine Benidorm. Allí habilitaron las salas del Colci para los distintos pases de las películas seleccionada.
La crítica fue benévola, no hurgaron en la herida del orgullo de quien reconoce que lo podría haber hecho mejor, con lo cual las sensaciones del rubor de quien se desnuda ante un extraño quedaron cubiertas por una ligera capa de parafina que protegía pero que esperaba ser abierta para mostrar lo mejor.

El público pasó, votó y el ambiente que se respiraba por allí es que ‘Las bragas de D. Marcelo’ estaba dando el pelotazo.
Una trama dibujada en torno a la figura del farmacéutico de un pueblo de la serranía salmantina que tenía como vicio copular vestido con las bragas de sus amantes; la Carmela, viuda del Marqués; la señorita Remedios, maestra definitiva en aquella pedanía y María, directora del coro parroquial.
Una encrucijada amorosa-sexual que dejaba entrever las perversiones más ocultas de quien ve su vida inmersa en la rutina de pareja y que sólo se atreve a dar rienda suelta a sus fantasías ante sus amantes.

Tina, 22 años y recién licenciada en la facultad de Imagen y sonido vio cumplido su sueño. 4500 euros al mejor guión original, aplausos del público y la venta de sus derechos para su explotación comercial a cargo de la productora de Almodóvar.
...el teléfono sonó. Pedro había muerto y sus ilusiones quedaron en papel mojado. Vuelta a soñar de nuevo.

lunes, 9 de agosto de 2010

TRI - 3 - III

Susana llegó a casa rota de dolor. El rímel corrido marcaba el camino de sus lágrimas y nada más verme se abalanzó sobre mí intentado explicarme lo ocurrido.
No lo podía creer. Susana había sido violada en el cuarto de calderas a manos de quien se veía protegido por el anonimato de su pasamontañas y con la casi seguridad de no dejar restos orgánicos que le pudieran delatar ante la brigada científica.
El forense no pudo detectar restos orgánicos de ninguna clase. Ni pelos, ni saliva...sólo el testimonio que mi hija pudo realizar ante el grupo especial de policía dedicado al efecto. Cuarentón, de voz grave, del sur peninsular y una característica especial. Los testículos que el violador rozó una y mil veces sobre su cara de mi niña debían de ser un caso excepcional de la naturaleza, una triorquidea.
Según dicen mis colegas en los congresos de cirugía genital, son casos que se saben que existen pero que casi con toda seguridad no verán pasar por sus manos dado que no producen disfunción de ninguna clase.

Yo tuve suerte, dos años después a lo sucedido, acudió a mi consulta de la C/ Fuencarral un tipo que quería hacerse una cirugía para colocar una prótesis en el pene. Un preoperatorio y una operación que no excedería de una hora y media sería suficiente para mejorar la autoestima de aquel tipo cuarentón , voz grave, acento del sur...y una triorquidea.
El paciente firmó los papeles de consentimiento para la operación y, como buen orador, le convencí para realizar aquel proceso en unos quirófanos con la última tecnología para tal efecto.
Comenzó la disección, y mi bisturí trazó otro patrón al marcado inicialmente. La disminuida masculinidad quedó transformada en una vagina a la que desde ahora podría someter a las aberraciones a las que había sometido a las decenas de mujeres que pasaron por las manos violadoras del triorquideo.

domingo, 9 de mayo de 2010

JUSTO A TIEMPO

Con esto del divorcio express las cosas se aligeraron una barbaridad. Comencé firmando un reparto del patrimonio común y treinta días después tenía en mi poder todo el papelorio jurídico y administrativo que me desvinculaba totalmente de la persona con la que compartí tres años de noviazgo y un año y medio de matrimonio. Menos mal que me separé a tiempo. De no haber sido así, seguro que ahora mismo llevaría sobre mí el luto social forjado a base de reproches sociales y actos fachas que dejarían ver que mi integridad como persona pudiera correr el peligro que jamás hubiera pensado me pudiera ocurrir.

Desde que me dieron los papeles del divorcio mi vida ha cambiado. Soy una persona liberada de una carga que, y aunque el pasado haya hecho mella en mi persona, procuro ir arrancando las postillas que muestran mi recuperación a costa de las marcas pretéritas.

Los reproches y las humillaciones a los que me vi sometido hicieron de mí una persona sin autoestima y desconfiada.
Por mi vida, y sin previsión alguna, se cruzó ella. Iba apresurada y con un Starbucks en la mano a todo correr. Nos chocamos, nos miramos unas décimas de segundo y ambos sufrimos el impacto de quien no se ve durante años. Era ella, mi primera novia. Tras una charla animada nos intercambiamos el móvil, quedamos en plena Gran Vía madrileña y nos dispusimos a recuperar el tiempo pasado.

Hoy es mi terapeuta, mi amiga, mi sexóloga, mi amante... mi esposa; noooooooooo, mi esposa no que, aunque en un mes pueda conseguir esos papeles de libertad, estoy muy a gusto así, sin firmar ningún documento que me comprometa a atarme una vez más.

martes, 4 de mayo de 2010

CAMPEONES

Mechi chutó con fuerza aquel balón que le pasó Xavi con extrema maestría. Fue un toque preciso, justo al lado que quería y sin dar oportunidad a que la estirada de Trasillas, apodado el muroparagoles, pudiera hacer nada por evitar que el tanto subiera al marcador.
Todos centraron sus miradas en aquel chico moreno, bajito y de pelo lacio. Había conseguido lo que parecía imposible... marcar un gol a Trasillas. Él había sido el elegido para aquel momento de gloria que todos recordarían. Dirían de él que marcó un golazo, que fue la estrella, que fue quien acabó con la leyenda del muroparagoles.
Trasillas era un as. Una pequeña leyenda dentro del patio del colegio al que se le permitía jugar hasta con los mayores porque era una auténtica máquina que lo paraba todo.
Pero había llegado la hora en el que alguien había terminado con aquella hegemonía. Mechi había logrado marcar en la final al equipo imbatido...qué leche, había logrado colarle un gol a Trasillas. El partido iba 0-0 y Mechi había sido elegido para la gloria... según le pasó Xavi, la enganchó sin casi mirar y con todas sus fuerzas deseó que fuera hasta la portería marcada con las cazadoras de quienes les sobra el calor. La liga del patio estaba a punto de llegar a su fin. Había un campeón y un goleador que tendrían sus minutos de gloria.
Un gol agridulce porque después del subidón que tuvieron al ver como entraba el balón por la portería también pudieron escuchar el sonido de los cristales de la ventana de D. Eusebio, el director del colegio.
Todo terminó. 7 euros que solidariamente pusieron a escote pero que les sirvió para proclamarse como campeones de 3º de primaria.

sábado, 10 de abril de 2010

CICA

He de reconocer que quedó bonita. Aquel trompazo que me arreé bajando con mi bicicleta por la cuesta de la iglesia y que empotró mi cara contra aquel pilón dejó una marca en mi rostro que llevo conmigo con la mejor de mis sonrisas.
Al principio me costó acostúmbrarme, cica cruzaba mi cara desde la boca hasta la oreja dibujando en mí una sonrisa de esas que hacen los niños que va de lado a lado.

Abel, mi hermano, que para mis adentros debieron haberle llamado Caín, no para de meterme pellizcos mentales, de esos que no duelen por fuera pero por dentro te van abriendo como un martillo pilón. Es buen chico, pero tiene mal perder, así que cuando le marco goles o le gano en la wii es cuando le sale la mala sombra y me llama Calabaza. Podría ser un mote más, pero él lo dice porque mi sonrisa parece una de esas que tienen las calabazas de Halloween; y eso sabe que me fastidia...pero como es mi hermano, le quiero un poquito.

Por las mañanas siempre me lavo con agua bien fresquita y cuando me miro al espejo, después de lavarme los dientes, veo cómo boca+cica se transforma en una rodaja de sandía de esas que muerdo en el verano y me alegra el día.


En el patio del cole tengo mis luchas con Jenny Carasucia porque intenta hacerme daño llamándome monstruo diabólico y pone esa cara de cómo que va a vomitar cuando pasa a mi lado. Y yo respondo, claro que respondo. Saco mi voz de ultratumba, doy la vuelta a mis párpados y Carasucia y sus secuaces salen escopetados para refugiarse entre las faldas de la seño que, todo se dicho de paso, se parte de ellas y además las riñe por piconas.
El único que no se asusta de mi cica es Josué. Él lleva siempre una gorra de tenista porque no tiene ni pelo ni cejas. Cuando se acerca a mí me susurra al oído “esconde ya a ese bicho y di a mi amiga de la doble sonrisa que venga”. Ahí cambio, me transformo y Josué hace que me funda con él en un fuerte abrazo.

domingo, 8 de noviembre de 2009

enladrillado

IIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII

Cuando llego al mirador, me encuentro a la ciudad enclavada en un bello valle, cuya columna vertebral viene marcada por el transcurso de un río cuya ribera se encuentra poblada de viejos chopos.

La densidad de los edificios parece marcar cada sector que define a la ciudad por barrios pero hay algo que llama la atención. Cada uno de ellos parece verse salpicado por plumas que, como si fueran agujas de acupuntura, se clavan en sus entrañas para sanar una zona dolida. Barrio de San Marcos, 12 plumas. Barrio El Antiguo, 9 plumas, otras 10 un poco más allá y, sumando sumando, puedo contabilizar hasta que me canso más de 100 de estas lanzas punzantes.

Parece mentira y, lo que creía imposible, está pasando. Mi ciudad, al igual que otras cientos de ciudades de la geografía nacional parece sufrir en sus entrañas el boom inmobiliario. Está creciendo bajo el dudoso prisma del plan urbanístico diseñado por políticos a los que les salpican noticias de corrupción urbanística que harían sacar los colores a más de uno, pero que más de avergonzarse, no se cansan de proclamar a los cuatro vientos que no son más que cabezas de turco.

No me da igual. Si son culpables que paguen y punto. Solamente pensar que por ese tipo de actuaciones miles de compradores caen en las presas de algunos constructores y vendedores sin escrúpulos que no dejan pasar la oportunidad de lavar su dudosa dignidad exigiendo el pago en ‘b’ de una cantidad que los mileuristas hemos tenido que mendigar por cada sucursal bancaria con el fin de obtener un crédito a bajo interés, pero que dados los tiempos, nos obligarán a estar una treintena de años con el cinto bien apretado para pagar, como si de lingotes de oro se trataran, cada uno de los ladrillos que forman el tente de nuestro hogar.

Ha llegado la hora de dejar de mirar las hermosas vistas y de colocar lo pies en la tierra; el euribor baja y el diferencial sube. Todo sigue igual.

lunes, 12 de octubre de 2009

Relationships... desde otra ventana

Frente a mi posición pero en el nivel 0 está Raí, un brasileño que aparca sus huesos sentado en el suelo y con un cartel que alienta a la compasión de todos los viandantes que pasan a su lado. Le conozco desde hace varios meses, cuando le bajé una hamburguesa y una light coke entablamos una pequeña conversación que le proporcionaron el ánimo para, cuando menos, vivir un momento más.

En la sexta planta del edificio que se encuentra enfrente del mío está ella. Hoy se encuentra especialmente guapa. Una minifalda beige y un generoso escote que hacen resaltar sus pechos hacen que mis hormonas se alteren. Quizá haya leído la carta que todo mi cariño la escribí la noche anterior. Procuré expresar aquello que hace que las hace sentirse especiales.


El cuarto piso tiene las persianas bajadas, es raro. Cristine es de costumbres fijas pero quizá los 83 años que lleva a sus espaldas hayan sido demasiados para una larga vida dedicada a la satisfacción de cientos y cientos de hombres que han purulado por ese apartamento de la 5th Avenue. Quizá el revuelo que hay ahí abajo causado por la ambulancia de urgencias y el fiambre, cubierto por una sábana que porta la camilla, sea la respuesta a mis conjeturas. Sí, tras ellos corre despavorido Tommy, el perro labrador que tanto calor la ha aportado en sus últimas noches.


También puedo observar a Mary, acicalando como siempre a su yorkshire, anudando dos cutres pero coloridos lazos a sus orejas de punta. Otro día más de cancaneo vacío en manos una mujer florero.

Mil historias que contar bajo la mirada de quien no se cree observado.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

EL ABRAZO NEGRO

En el momento que se sentó tras de mí tuve la rara sensación de que algo estaba a punto de cambiar mi vida.
Durante mucho tiempo la estuve cortejando con mis mejores galas, con perfumes bien vaporizados sobre mi piel, con la mejor de mis sonrisas profident y mi ropa de los domingos...en fin, con todas aquellas armas que tenía a mi lado para poder conquistar a la estupenda mujer de labios carnosos, voluptuosos pechos e infinitas piernas, pero nunca se había fijado en mí, o por lo menos eso creía yo. La primera palabra que me dirigió hizo que me estremeciera y que buscara refugio en la más tímida de las sonrisas acompañada del sonrojo de mis carrillos. Una vez logré arrancar la primera de las palabras, mis entrañas se calmaron y comenzamos a charlar como dos antiguos amigos que llevaban años sin verse. Teníamos más puntos en común de lo que ninguno de los dos creíamos. Llegaba el momento de despedirse y, como último intento porque permaneciera a mi lado, lancé un órdago. “¿Una copa en mi casa?”. Ella, accedió y cuando entramos en casa, me abrazó por detrás envolviéndome con sus manos de seda. Me fue desnudando lentamente. Me cubrió los ojos con un pañuelo de seda y, con un suave pinchazo, logró inyectarme la dosis exacta para perder la conciencia. Mis oídos discriminaban sonidos de metal afilado pero mi cerebro era incapaz de enviar órdenes para que mi cuerpo reaccionara.

El País. Sucesos. “Otro joven más aparece descuartizado dentro una maleta. Suman ya 23”.

martes, 15 de septiembre de 2009

UN GOLPE DE SUERTE

El despertador sonó a las 7.00 AM con la voz de Francino. Noticias frescas. En una localidad de apenas 250 habitantes había caído el premio más gordo de la historia de la lotería.

A las 10 de la mañana, el pueblo se había hecho eco del notición. Estelita, la lotera que gestionaba la tienda de ultramarinos, donde se podía tomar un chato o comprar desde unas sandalias de río a unos arenques a granel, fue la que selló el boleto.
Ella comenzaba a hacer sus elucubraciones en cuanto a quien o quienes podían ser los afortunados. Los podía contar casi con los dedos de las manos, dado que su carácter agrio no daba pie a los vecinos a confiar su suerte a una vieja amargada y preferían hacerlo en el pueblo vecino el día que se celebraba el mercado.

Los días pasaban y apenas se observaban cambios más allá de la rutina. De vez en cuando se pasaba algún comercial del Santander o de la Caja Rural para interesarse por aquella curiosa fortuna aún por descubrir pero el devenir diario transcurría igual que siempre entre la siembra, el paseo y la partida de dominó acompañada de la correspondiente copa de Carlos III.

Los rumores apuntaban al Colorao, en pocos días había dado un cambio repentino en su forma de ser. Se echaba colonia e iba a jugar la partida de punta en blanco. Es más, llevaba puestos los zapatos con los que enterró a su padre y que sólo sacaba para contadas ocasiones.

Casualidad o no, el Colorao había tenido la suerte de su parte. Había echado un boleto que tantas y tantas veces le decían que no tocaría, pero él estaba seguro de que llegaría el momento en que los números se pondrían de su parte y formarían el rosario de bolas ganadoras. Y el día llegó.

domingo, 13 de septiembre de 2009

NOCHE DEL 36


La noticia se había corrido como la pólvora. Rosa sería sacada del calabozo junto con otras once personas más al amparo de luna y bajo la niebla que cubría el pequeño recorrido que había desde sus celdas hasta el remolque del Hispano-Suiza que esperaba en el patio central.
En sus caras había pánico por el desconocimiento al viaje que iban a emprender. Todo aquel miedo contrastaba con la soberbia de los guardias que, rifle al hombro, custodiaban a aquella docena de presos rumbo al destino marcado dentro del sobre lacrado que había sido entregado al sargento de turno.
Las puertas del cuartel se abrieron de par en par al sonido de cerrojos oxidados y madera carcomida por la humedad. La escena de la salida del camión fue contemplada por curiosos que les recriminaban sus actitudes con gritos ahogados de “¡Muerte a los asesinos!”. Gritos que tenían el único fin de no ser reconocidos por el bando enemigo o, como algunos allí presentes, ser incluidos dentro de los fervientes seguidores nacionalistas.
Mila, la hija pequeña de Rosa, con apenas 4 años logró zafarse de la mano de su tío y correr tras el camión lanzando gritos pueriles que lograron romper el silencio de aquel remolque.
El camión frenó y cuando Mila llegó a su altura alargó su pequeño brazo todo lo que pudo para tocar levemente las manos que tantas veces le habían guardado en sus noches de sueño.
El camión arrancó motores y bajo aquella luz difusa se perdió.

Hoy Mila, tiene 73 años y las cenizas de su madre junto a ella...al fin juntas.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Ámbar

Podría decirse del ámbar que es una sustancia dura, liviana y quebradiza capaz de engullir en sus entrañas a cualquier insecto que intente infestar a modo de plaga el interior del presente o del pasado.

Pero Ámbar es la pelirroja rolliza, de ojos color esmeralda y labios carnosos que ahoga sus miserias bebiendo whisky como una cosaca, embutida en una minifalda y una camiseta de lycra verde que incorpora pedrería de plástico dibujando el logo de Chanel bien centrado en sus 110 cms de pecho trabajado a golpe de silicona y bisturí.
Se encuentra allí, en su Club de toda la vida, apoyando sus cuartos traseros sobre la butaca forrada con piel de vaca y prestando sus servicios completos por unos miserables 25 euros, toallitas incluidas. Tiempos de crisis diría otro.
Sus dedos, amarillentos por la nicotina que han dejado a lo largo de los años de oficio, sujetan un Winston que se va consumiendo con el paso de los eternos segundos.
Cuando entran los clientes, Ámbar se transforma en una mantis religiosa dispuesta a devorar al macho que logre alcanzar la cópula con ella. No suele tener suerte en los cortejos, pero los que aceptan el reto del morbo caen rendidos a sus botas de afilado tacón.
El vaivén de sus caderas muestra el camino a los infiernos, a las experiencias súbitas que proporcionan los 35 años de experiencia que lleva ejercitando sus ingles a golpe de cartera.

Pero Ámbar es una mujer dura, liviana y quebradiza capaz de engullir en sus entrañas a cualquier insecto que intente infestar su interior en presente o en el futuro.

martes, 11 de agosto de 2009

PSICONAUTAS

El primero de los conciertos empezaría pronto. El WOMAD estaba a punto de iniciar su andadura. Filas de gente interminables para poder adquirir la pulserita más ácida que había en el mercado y que daba acceso libre al recinto.
No pude contar los escenarios que había por allí pero sí que observé que en cada tienda que se levantaba la campa había unos cuantos rastafaris eliminando sus huellas dactilares a ritmo de bongo.
En aquel momento nos dirigimos al punto indicado. El plano que nos entregaron en la entrada era el guía perfecto para no perdernos entre la multitud y, evidentemente, perderse era casi imposible. La horterada de la sirena rotatoria que nuestra gente tenía adosa en las 5 tiendas que ocupábamos era el signo inequívoco del plan fiestero con el que arrancábamos el festival.
‘El pity’ estaba allí, fumando un porrito de maría y el resto se encontraban rodeados por las litronas y calimotxos que daban el pistoletazo de salida a la cogorza más rápida.
En la esquina de una de las tiendas estaba el cofre. Cuando lo vi no pude más que cogerlo con las manos como si de Golum se tratara. Los hongos alucinógenos estaban preparados para ser ingeridos bajo la vigilancia de Suso, un chamán cuerdo y cabal que haría las funciones de mediador entre los dos mundos paralelos a los que daría lugar aquella fiesta culinaria.

El primer sombrerito que ingerí, tardó pocos minutos en comenzar a surtir sus efectos. Las psicodelias comenzarón a hervir en mi cabeza. Todo fue grabado por Suso en formato DV. El producto, rec, él premio Goya al mejor documental.

lunes, 10 de agosto de 2009

9 DE AGOSTO DE 1945

Mi nombre es Tsutomu Yamaguchi y soy uno de los supervivientes de aquella masacre provocada por mentes criminales.
Corría el 9 de agosto de 1945, yo estaba descalzo subido a las espaldas de mi hermana, correteando por las calles de Nagasaki ignorando lo que había pasado tres día antes en Hiroshima y con la felicidad de quien no sabía lo que se nos avecinaba.
El cielo estaba azul, despejado con cientos de estorninos en bandada que volaban dentro del caos más organizado. Daban ganas de tumbarse en el parque y observar durante horas aquel fenómeno organizativo pero las sirenas comenzaron a marcar un sonido atronador.
Las calles se empezaron a llenar de gente corriendo sin saber dónde ir, sin saber donde meterse ni cómo actuar. A lo lejos, en el mismo cielo que minutos antes era ideal se dibujaba la silueta de aquel avión que venía cargado de destrucción en sus entrañas. Bockscar portaba a Fat man, nombre maquiavélico que habían dado a aquella bomba que marcaría el segundo sino de la Historia reciente.
Sin remordimientos, alguien apretó el fatídico botón que abriría la compuerta de aquel B29 a 550 mts de altura. Fat man cayó inerte con sus 4.545 kg dirigidos al centro de la ciudad. Los 3,25 m de longitud por 1,52 m de diámetro tardaron pocos segundos en detonar y, desde las afueras, donde yo divisaba aquel horror, se comenzó a dibujar el maldito hongo que acabaría con miles de vidas.

Hoy en día, soy de los pocos que pueden dar testimonio de lo acontecido. Pero lo doy con la voz firme de quien reivindica un mundo en Paz.

domingo, 9 de agosto de 2009

RADIO ESPERANZA

Su voz hizo que me recordara las noches de insomnio que había pasado años atrás a causa de la ansiedad provocada por aquel horrible atentado que me pilló en el momento y en el lugar equivocado.

Era de madrugada cuando aquella voz melosa y amigable se asomaba al balcón de la 88.6 de la FM. Hacía las veces de psicólogo y conductor de un espacio donde los oyentes volcaban todas sus buenas virtudes con el fin de ayudar a las personas que ansiaban que una mano amiga pudiera recoger sus ecos de dolor, pena o desengaño.

Fue extraño. Casualidades de la vida hizo que nuestros caminos se cruzaran. Doblando una de las esquinas nuestros cuerpos chocaron de frente. Las prisas que imprime la gran urbe hizo de aquel instante el inicio de una buena amistad. El perdón que nos dimos mutuamente hizo que renaciera en mi cerebro aquel eco de voz que tantas y tantas veces había escuchado en mis noches de desvelo. No pude más que preguntar...”Su voz me resulta familiar. ¿Fernando?”. Los ojos se le abrieron a modo de asombro. Esta vez parecía que el sorprendido era él. Su respuesta afirmativa hizo que mi corazón se acelerara por momentos. Estaba ante la persona que me había sacado de aquella depresión. Me presenté y, no sé por qué le invité a tomar café en la terracita que estaba puesta unos metros más allá de la salida del metro. Aceptó. Intercambiamos teléfonos e iniciamos una bonita amistad.

Habían pasado más de 10 años desde que desapareció de antena de forma voluntaria, pero su voz había calado fuerte en aquellos que supimos escucharle cada noche. Hoy su tarea está dentro del campo de la formación y yo, estudio periodismo.

sábado, 8 de agosto de 2009

ESPERANDO LA PRÓXIMA LLAMADA

Sobre el cristal resbalaban las gotas de lluvia. El sonido hipnotizador hacía que mantuviera mi posición fetal e inmóvil al calor del edredón. Estiré la mano para ver si estaba pero lo único que encontré fue el calor que había dejado a lo largo de una noche de pasión.
Se había levantado con la cautela de quien no quiere que nadie se entere. Siempre actuaba igual. Se vistió con su elegante traje de color gris marengo y se puso la camisa blanca junto con la corbata de seda roja, los burllington y sus Martinelli.
Nunca fue demasiado cuidadoso con el cierre de las puertas. Desde la cama pude escuchar como seguía su ritual de desayuno. Tintineo de tazas y cubiertos, tostadora en marcha y un intenso olor a café que indicaba que su estancia en el apartamento de lujo de Goya estaba a punto de terminar.
Eran las 8.00 AM cuando la puerta de la entrada tornó para cerrarse de un golpe seco. La soledad se había adueñado de aquel espacio. Solamente quedaba el sonido de la lluvia y el aroma a café.
Me levanté de la cama con un gran bostezo y un estiramiento de brazos que hizo chascar hasta la última de las vértebras que conformaban mi maltrecha espalda. El suelo esta repleto de los restos de una nocturnidad amada, recogerlo suponía poner en el recuerdo aquellos momentos. Inspiraciones profundas y deseos se cruzaban por momentos.
En la cocina, una nota escrita a mano. “Ha sido fantástico. La próxima semana te llamo”. Solamente nos separaba su mujer, sus hijos, 200 km y 600 euros por cada noche de amor.

viernes, 7 de agosto de 2009

RECUERDOS DEL PASADO

En aquel momento estaba terminando de realizar la limpieza de la casa. La caja de cartón mostraba el entramado de unos granos de café que decoraban con gusto aquel pack.

Ya no recordaba lo que había guardado en aquel pequeño baúl de los recuerdos. Cuando abrí la tapa, mi cara arrancó una carcajada al ver la foto del pasado. Raya a la izquierda, pelo engominado, bigote espeso, toga y corbata. Acababa de reaparecer la foto de la promoción del 74. Primera promoción de Ciencias Exactas. Todos tan puestos, tan cerebrines que parecíamos dispuestos a sacar al mundo de su ostracismo matemático. Nos íbamos a comer el mundo, a revolucionar la industria de la telemática...ilusiones, al fin y al cabo.

La caja comenzaba a dar sorpresas. Seguí buscando y encontré una libretilla de las que entonces se usaban a modo de agenda. No había demasiados teléfonos pero, de los que había, estaba el nombre de Cristina, una antigua compañera que, en cierta manera marcó muchas de las decisiones que tuve que tomar en aquel momento. Fue mi novia de la Facultad. Descubrimos juntos las primeras caricias, los primeros roces de piel, los primeros contactos sexuales, los primeros porros de la marihuana que plantábamos en el piso de estudiantes que teníamos en la terracita del 130...y sobre todo, las grandes confidencias.

Por circunstancias de la vida perdimos el contacto, pero allí estaba ese número sobre el que me asaltaban mil y una interrogantes. ¿Seguiría aquel número albergando la voz aterciopelada que me cautivó durante años?. No lo dudé, cogí el aparatoso iPhone y marqué. Al otro lado, nadie. Terminé por recoger la caja y guardarla con sus recuerdos en aquel armario.

martes, 4 de agosto de 2009

CUESTIÓN DE AZAR

El humo cargaba el ambiente de aquella insalubre habitación y, el whisky daba los últimos coletazos de su presencia en los vasos de boca ancha ante la última jugada que estaba a punto de repartirse.

Las cartas repartieron su suerte. Las miradas de los jugadores allí reunidos se cruzaron entre sí. La tensión se mascaba en el ambiente. La desconfianza y los ceños fruncidos eran el santo y seña de aquella última mano. El sudor comenzaba a brillar por las calvas y las sienes plateadas de los que allí jugaban.
Fue entonces cuando se comenzaron a escuchar las primeras voces que abrían juego. Los más valientes dieron pistas de las intenciones que tenían, no se sabe si con la intención de de asustar al contrario o por las buenas manos que portaban. Nadie se retiró, había mucho en juego. Pidieron los descartes y fue cuando arriesgaron a sabiendas de que quien ganara decidiría sobre el futuro incierto del resto de perdedores.


Siete jugadores, un croupier y un solo ganador.

Blas, se alzó con la victoria. Un triste full al que nadie se atrevió a hacer frente se llevó el gato al agua. Un triste full fue quien puso el revolver sobre la mesa circular para que girara sobre su tambor y apuntara a uno de los perdedores. Un triste full iba a ser quien volviera a provocar el último juego de azar, la ruleta rusa. Un triste full hizo que Ángel fuera el elegido para que empuñara el revólver y para que dispara sobre la tapa de sus sesos.

Ángel cogió el revolver. Abrió el tambor, colocó la bala en la recámara, giró el tambor con los ojos cerrados, apuntó sobre su sien derecha y disparó.

jueves, 30 de julio de 2009

Don Nicolás

Rufina tendía las sábanas del cura, recién lavadas, sobre el frescor de la hierba que se amontonaba salvaje a los lados de la era.
Llevaba toda la vida realizando el mismo ritual. El lavado de la ropa procedía a hacerlo en el pilón del pueblo, donde se juntaban todas las vecinas para hablar de sus quehaceres diarios a la vez que frotaban con fuerza sobre aquellas tablas tan rasposas y untaban la ropa con el jabón elaborado en la última matanza de San Martín.

Fue Matilde quien, acercando su boca al oído de Rufina, la dio a entender que aquellas manchas que frotaba con tanto ahínco no eran fruto de la huella dejada por del sol, sino que fueron provocadas por el amor prohibido que mantenía Don Nicolás con la joven Raquel, hija de soltera de Rufina.

Gran observadora y alcahueta donde las haya, Matilde había visto tiempo atrás cómo Raquel se dejaba caer muy a menudo por el confesionario ocupado por Don Nicolás.
Después de la misa, mientras Matilde se preocupaba por mantener el altar en condiciones óptimas, mantenía ojo avizor para anotar en su mente calenturienta todo aquello que sospechaba que ocurría tras la puerta de la sacristía a la que acudía con la joven después de misa de 12.

Don Nicolás, no llevaba más de 5 años en la parroquia del pueblo, pero eran los suficientes como para que sus aires de galán, y la leyenda de conquistador que arrastraba de parroquias anteriores, cautivaran a las jovencitas que con cualquier tipo de disculpa acudían a él a pedir el consejo de quien se veía con autoridad para dominar voluntades pasivas.

Así, 9 meses después apareció Benjamín, el primogénito de Raquel.

lunes, 27 de julio de 2009

METRO SOL

Estación Sol, son las 19.18 hrs de un domingo cualquiera de verano y el trajín constante de gente parece no tener fin. El sonido de los tornos se mezcla con el murmullo, con los pasos de las personas que por allí deambulan con el chirriar de los frenos del metro…toda una sinfonía de ruido que nos hace ver que nos encontramos en el inicio de las catacumbas de la gran urbe.

En la distancia observo cómo se acerca Paco, con sus pesados pero firmes andares, trajeado como siempre y con la permanente sonrisa dibujada en su cara. Antes de fundirnos en un fuerte abrazo de complicidad Paco da un ligero puntapié a un objeto disimulado bajo la forma de un pin. Cuando me agacho a por él descubro que en su parte posterior se esconde la entrada de un USB.El broche, de forma circular, muestra los símbolos identificativos de las logias masonas. Pirámide con ojo visor en la cúspide, compás, escuadra y la letra G.

La curiosidad nos corroe por dentro. ¿Qué tipo de información puede ocultar un USB disfrazado de simbología masónica?. Al llegar a casa, Paco enciende el ordenador y, tras la espera correspondiente a que se inicie Windows introducimos el lápiz para analizar la información que esconde. En un principio la encriptación que trae consigo hace que no podamos acceder a la primera pero tras el uso del programa adecuado conseguimos las claves de acceso. 23 archivos, cada uno de ellos con la identidad completa, trabajos donde desarrollan su actividad, números de cuenta, contactos y claves para dirigirse en el caso de que sean descubiertos… Toda la información completa de personas relevantes de la sociedad en nuestras manos. Y ahora ¿Qué?

sábado, 25 de julio de 2009

HOY EMPIEZA TODO

Son las 12.33 minutos y parece que el día se ha ido despejando dando paso a un espléndido sol que entra a través de la veneciana de la habitación.

Se escuchan pasos por el pasillo. Son enérgicos, veloces, como si quisieran alcanzar su meta inmediatamente, pero no, detrás de esas carreras siempre suele suceder lo mismo. Un portazo que hace temblar hasta la última jamba de sujeción decorativa.

De repente, se lanza sobre la cama para coger la almohada con todas sus fuerzas, la aprieta sobre su pecho y los sollozos de tristeza junto a las lágrimas de impotencia comienzan a inundar el silencio que envuelve ese espacio de descanso, pasión y recogimiento.

Pasados los minutos, Olga cambia su postura, parece que se va calmando. El ritmo cardiaco vuelve a estar normalizado pero su cabeza aún mantiene la presión. Se nota como las venas que transcurren por los temporales craneales aún están en plena efervescencia y cómo sus ojos sanguinolientos mantienen la última de las lágrimas que la quedan por derramar.

Cuando Olga se incorpora, me mira desde la distancia, y observo como el reflejo convexo que lanzo sobre ella hace que distorsione su figura. Una vez más seré la herramienta que la permita dar rienda suelta a sus desahogos y que la permita quedar por escrito aquellas vivencias y realidades que parecen marcar a fuego su presente y que pretende que no graben su futuro.

Como en cada hoja del diario y bajo las pretensiones de que no la volverá a suceder, Olga comienza su ritual. Me destapa, me agita, observa como no tengo rastro alguno de reseco y comienza a escribir…Hoy empieza todo.

martes, 14 de abril de 2009

Cerrado por vacaciones


Como bien hago referencia en la imagen...cierro por vacaciones. Estoy en una época de estudio donde no sé si me juego todo o nada, y no es que por ande perdiendo el tiempo o qué...pero he de rendir un poco más de lo que lo hago.
Hasta el veranito no retomo este bonito proyecto al que procuraré darle todo el color que se debe.

Hasta aquí, un descansito...a los que lo leáis, acepto sugerencias de futuro y a los que no, pero paséispor casualidad...disfrutad de la música que acompaña.

Un salu2

domingo, 1 de marzo de 2009

BULLYING

Hoy me he levantado con un dolor intenso en las costillas. En el momento en el que he ido al baño y me he subido la camiseta de los Menphis para ver las marcas forjadas a base de patadas y puñetazos, mi cara ha dado un vuelco en el gesto. Ha pasado del dolor real al pánico total.

Las rojeces del primer día, los morados del segundo se han convertido en una mezcla extraña de amarillos y negros. No sé qué hacer. Si lo comento en casa puede que mi hermana Cris se presente en el insti y diga más de una cosa a los responsables del acto. O que Raúl, mi hermano mayor, ejecute la ley del Talión realizando las mismas muescas en cada uno de sus cuerpos.

Sinceramente, tengo miedo. Cada vez que les veo se me pone un nudo terrible en la garganta y en el estómago, el corazón me late taquicardicamente y las gotas de sudor frío recorren mi frente como sangre que auguradora del peor de los males.

Quizá mi forma de actuar no haya sido la correcta. No he sabido pararles a tiempo. Les di carta blanca cuando consentí los primeros insultos leves. ‘mirad, ahí viene ese bobo’; o cuando esos insultos leves comenzaron a subir de tono y me llamaban ‘gilipollas de mierda’ y terminaban escribiéndolo con el edding 3000 en el alicatado del baño... Eso sólo fueron los comienzos. No lo supe parar a tiempo. ¿Qué podía haber hecho? Nunca me he considerado un supernadie pero tampoco una supermierda a la cual unos miserables se crean con el derecho a humillar ante todo el mundo.

Como siga aguantando acabarán grabando una snuff movie conmigo, pero antes de que ocurra eso, salgo en las noticias de A3...

martes, 24 de febrero de 2009

sin título

Son las 19.08 hrs. Algo tarde, pero no queda más remedio que acudir a la visita al hospital de una buena amiga.
Al entrar, la mirada se me va hacia un grupo de inmigrantes que parecen en apuros. Sus ojos tienen la mirada perdida y su aspecto hace ver que llevan allí mucho tiempo.
Cuando pulso el botón para que el ascensor baje a la planta 0, una decena de personas parece rodearme e incluso presionarme para que entre en el habitáculo que, a modo de montacargas, hace la gente que adentre cual hora punta del metro. Los olores se acumulan. Frescas fragancias, unidas a corrientes de pachuli hacen de los cuatro metros cuadrados que tiene el ascensor un lugar apto más las más terribles náuseas. Solo las ganas de ver a mi amiga hacen que la subida a la quinta planta sea rápida y eficaz.
Cuando las puertas se abren, salen otras dos personas conmigo. Una de ellas, con paso firme y ligero avanza hasta las habitación 508 y la otra, no sé donde quedó. Su paso lento ha hecho que la perdiera con el eco del pasillo.
Yo rápidamente avanzo hasta la 514. Cuando llego a la altura de la puerta, pico con cuidado y esta, cual repetición de una cámara superlenta, se abre con un ligero chirriar. Es una habitación amplia, con un amplio ventanal de doble hoja que deja entrepasar los últimos rayos de sol tardío. El ambiente está cargado, denso, dando la sensación de espacio poco ventilado.
Allí se encuentra la cama vacía de Cristina...he llegado tarde una vez más. La han bajado sola, sin la compañía de una mano amiga que la hagan superar sus miedos a volvernos a ver con vida por última vez. La metástasis la está comiendo.

domingo, 8 de febrero de 2009

DE PROFESIÓN, ESCORT


Algunos de los que saben a lo que me dedico me tachan de inmoral, de persona que se aprovecha de las circunstancias de otras. Otros hablan de oportunismo; yo me defino como escort. Trabajador por cuenta propia.

Mi físico bien podría estar copando las portadas de las carpetas que portan las lolitas quinceañeras pero no, pertenezco al selecto club de hombres a la carta de alto standing. Las clientas que acuden a mi quieren cubrir una imagen de glamour, añoran la compañía de una persona que les complazca en todas sus demandas de cariño, una correcta educación y atenciones que suplen a base de talonario.

El útimo fin de semana que pasé con una de ellas fui invitado a una Convención donde se dio cita la élite de las finanzas. El ritual de encuentro siempre es el mismo. Tras una llamada a mi teléfono móvil y un adelanto en mi número de cuenta, quedamos en la cafetería del hotel más lujoso de la ciudad. Allí hablamos de la misión que me tocará desempeñar de cara a la galería y de cuales han de ser mis actitudes ante su entramado social.

Roto el hielo, el trabajo comienza allí mismo. Montamos en su flamante Chrysler 300C negro zafiro para llegar a nuestro destino. Desde que cruzamos la entrada principal del Palacio de Congresos somos el centro de las miradas. El murmullo de las personas que nos atiende en el ropero es el comienzo de lo que me tocará aguantar en el interior.
Los saludos de cortesía van marcando nuestro caminar entre la muchedumbre hasta que llegamos al punto donde ella vio precisa nuestra ubicación. A la hora exacta marcada en el programa las luces se dirigen al atril. El presentador, diestro ya en estas lides, entona voz y, tras una breve presentación, dice: El título de empresaria del año recae en Dª Leticia Vilvestre Palacios.

Los aplausos y felicitaciones suenan a doquier y desde ese momento dejo de existir. Un simple gracias, hasta la próxima, pone fin a mi sesión. Suma y sigue.

domingo, 1 de febrero de 2009

AISHA

Los rumores siempre habían andado por el caserón de la abuela Berta. Un cuadro distinto al resto colgaba sobre las paredes de papel inglés que forraban el recibidor de la casa. Era el retrato de una muchacha con una mirada enigmática, inquieta, curiosa...especial.
Cada vez que lo miraba sentía como la piel se me erizaba y cómo una corriente eléctrica me atravesaba el cuerpo a modo de bomba de racimo provocando en mi un torrente de emociones y sensaciones.
La primera vez que pregunté a la abuela Berta acerca de aquella pintura la respuesta no tuvo la consistencia suficiente para que dejara de indagar. De hecho lo que dijo no hizo más que alimentar aún más la curiosidad de un adolescente que quería jugar a ser Sherlock Holmes.
Como buen científico, pasé a la fase de investigación que me llevó a buscar refugio en los baúles que se guardaban en el pajar de la casa situado en la planta superior. Con la habilidad de quien se considera tozudo, logré abrir el primero de los candados que guardaban la intimidad de los recuerdos. Un mazo de cartas bien atadas con cuerda de pez llamó mi atención. Una a una comencé a leer aquellas letras caligráficas y cursivas marcadas en papel de estraza ya amarillo por el paso del tiempo.
El abuelo Fede era el remitente de aquellos manuscritos. Era él quien estaba dando respuestas a mis incógnitas y quien, con los sentimientos de quien comete un error, presentaba en familia y desde la distancia a Aisha como el fruto de la locura de juventud que cometió cuando estuvo luchando en el Sahara. Un lienzo y el silencio escrito es lo que queda en el viejo caserón.

domingo, 25 de enero de 2009

LO QUE NO PUDO SER

La sensación que flotaba en el aire daba la impresión de que había sido una tomadura de pelo. Quizá la conversación que mantuvimos en el chat días atrás debería haber sido lo suficientemente clarificadora como para no confiar. Pero no lo hice. Me acerqué a la cita la hora y el día acordado. Una semana después de haber fijado la fecha para el encuentro pasé por allí. La clave, un Toledo granate con dos personas dentro.

La zona, cuando menos, era sospechosa de encuentros furtivos forjados en la infidelidad más premeditada. Un montón de coches aparcados a lo largo de un polígono industrial dejaba entrever que las ganas de sexo rápido flotaba en el ambiente.
El paso con mi Rover 400 fue rápido, mi corazón empezó a latir más rápido de la cuenta y no pude detenerme. El Toledo granate con el que había quedado no daba señales de vida. Allí deberían estar él y ella. Una pareja madura con ganas de sexo prohibido. El tres sería el número mágico para montar el triángulo del amor. Un trío que a las tres partes nos apetecía y que podía consumarse en la amplitud de aquel coche. Un triángulo que mezclaría varios palos de la baraja del sexo.

En el chat me prometieron un encuentro en el que lo sexual prevalecería sobre lo relacional pero que no cerraban la puerta a nada.
Así fue, cuando mi coche pasó aquel lugar apenas pude pisar el pedal del freno. Varias siluetas deambulaban por aquel lugar sin rumbo fijo. Supongo que con las mismas intenciones con las que iba yo.

La cuestión es que de aquel posible encuentro sólo quedaron las fantasías con las que he ido viviendo durante muchos años y que supongo sigan estando latentes por los siglos de los siglos, dado que la falta de valentía por mi parte hace que exista cierto miedo ante las situaciones desconocidas.

domingo, 18 de enero de 2009

FALSAS ILUSIONES

Una respuesta a la llamada que la realicé al móvil fue suficiente para que albergara esperanzas. Aquella voz hacía que mi corazón palpitara más rápido de la cuenta.
Habíamos quedado todos en la playa, pero para mí, su sola presencia hacía que me estremeciera y que mi comportamiento correspondiera al de un adolescente atraído por el olor de las feromonas que despedía aquel cuerpo de escándalo. Su pelo se movía al compás dictado por la suave brisa del viento, sus ojos negros iluminaban el espacio entre ella y yo, su boca sensual y aquel bikini de dos piezas en negro y oro provocó en mí una ligera erección que supe disimular como tantas otras veces me había ocurrido.

El primer saludo, general para todos y específico para ella hizo que sonaran las alarmas para el resto de los allí reunidos. Ironías, risas y sornas provocaban en mí tensiones y acaloramientos que no sabía cómo reprimir.
Quise evitar sentarme junto a ella, pero fue inútil. Alguien me concedió el espacio justo para poder disfrutar de su cercanía y su presencia con sólo tirar la toalla en aquel diminuto hueco.

Cada vez que ella habla se me cae la baba, diga lo que diga. Hay quienes observan en mí una actitud de enamoramiento pero, por el momento, seguiré actuando así.

No sé como ocurrió aquel momento pero, fuera como fuere, pasó. Nos quedamos ella y yo solos. Mirándonos pero sin decir nada. Hablando desde el silencio. Fue el momento en el que dejó las cosas claras y un momento que nunca olvidaré. Confesión abierta y sin tapujos, ‘soy lesbiana’. ¿Y...? respondí yo.

domingo, 11 de enero de 2009

MOMENTOS DE LUCIDEZ


Son ya 35 años de profesión a mi espalda. Desde el primer día, me propuse acudir a mi lugar de trabajo con la misma ilusión que cualquier actor tiene en el debut de su carrera, pero no fue así.
Saqué una carrera que me ilusionaba, pero que no supe afrontar cuando me topé con la realidad que se me venía encima. El desamor y mi falta de carácter hizo que ocupara un lugar de trabajo que no me correspondía.
Hace años podría haber tenido 40 alumn@s a mi cargo pero, hoy por hoy, sólo soporto a uno, o a ninguno. Estoy aislado en mí mismo, creo saberlo todo pero no entiendo nada. Las miradas de mis compañeros se cruzan con el vacío que transmite la mía. Es una sensación incómoda, para ell@s y para mí.

Año a año han pasado delante de mí como si nada. Ahora mismo me siento mal. Siento como si no hubiera sido posible la realizarme ni personal, ni profesionalmente. Tengo la sensación de que los años más maravillosos no han sido fecundos. ¿Qué podría haber hecho con las personas que se han cruzado en mi vida? ¿Qué he aportado en la vida de cada niñ@ que ha pasado por mis manos?. Quizá los que han pasado a mi lado hayan lanzado cientos de respuestas al aire que han servido para esparcir la leyenda de mi locura. Una locura que he alimentado con mis acciones, con mis gestos, con mis silencios, con mis actitudes ante la vida. No les culpo, yo pensaría lo mismo.

La vida ha pasado delante de mí y no he sabido coger el tren que la lleva. Ni siquiera me he dado cuenta de la carga que he supuesto a los demás.

Sólo quiero que llegue el día 23. Me jubilaré e intentaré dar un nuevo rumbo a mi vida. Me subiré al tren con todas mis fuerzas y no lo soltaré.

miércoles, 7 de enero de 2009

EL LADRÓN DE CHELOS

El local de ensayo cerró la puerta una noche más. Habíamos estado preparando la performance que llevaríamos a cabo en uno de los pubs de moda de la noche pucelana.
Sería nuestra piedra de toque para analizar las reacciones del público ante la osadía de tocar con nuestros violonchelos partituras de rock pop actual.

Se acercaba la fecha y nuestros dedos echaban humo. Ensayo tras ensayo íbamos dando forma a nuestro recital, y los que alguna vez pasaron a ver nuestras ‘tomas falsas’, salían impresionados por sonido ambient que producían nuestros chelos de tapas tuneadas al más puro estilo tribal.

Hubieran sido los mejores momentos si en uno de nuestros descansos no hubieramos dejado el local abierto para ir a tomar unos botellines al bar de Pochy. Fue lo peor que nos pudo haber pasado. A nuestro regreso para volver a sentir las vibraciones de las cuerdas los ojos se nos abrieron como quien observa en directo el atraco a un furgón de Prosegur, lágrimas en los ojos, taquicardia, ansiedad y cientos de sensaciones pasaron delante de nosotros.

No habían sido más de 10 minutos los que pasamos hidratando nuestras gargantas con la magia que tiene la malta para crear sensaciones de frescor. Tiempo suficiente como para que los randas que merodean por los alrededores del local tuvieran las suficientes agallas de portar sobre sus hombros, o quien sabe cómo, aquellas dos bellezas que formaban parte de nuestros sueños .

Dominical EP[S] con reportaje fotográfico retratando a los músicos de la calle. En la fotografía, la Rambla barcelonesa y nuestros chelos, pero no somos nosotros quienes sacan sus notas en clave de quién sabe qué.

sábado, 3 de enero de 2009

SU NOMBRE, SHEILA

A pesar de llevar 8 años llevando la viudez con la máxima de las dignidades posible siempre deseé que la vecina del primero pusiera su mirada sobre mí.

No recuerdo bien el instante en el que se produjo la explosión química de nuestros cuerpos, pero sí recuerdo el día que lo desencadenó.
Allí me encontraba yo, colgando la ropa en el volador, como cualquier día que me toca hacer la colada pero la casualidad hizo que se me cayera uno de mis boxer al patio de la comunidad.
Después de haber intentado recuperar, con el gancho de pequeños arpones mi ropa interior, y ver que era imposible, decidí bajar a su casa con la vergüenza de quien sube por primera vez a invadir la cama en burdel de carretera.
Al picar en la puerta pude escuchar como se iban aproximando unos tacones de fondo hasta que se abrió la puerta. Iba vestida con un ligero vestido de raso blanco, los labios rojos carmín y el pelo rizado suelto cual leona en pleno momento de celo.

No me pude contener y, a pesar de mis 58 años en la espalda, tuve una actitud de bisoñez adolescente. Una erección rápida y, sin mediar palabra, acorté el espacio vital entre sus labios y los míos, y mis manos asieron sus caderas como aquel que se agarra a una tabla de salvación en un mar de tempestad.
El tortazo que recibí no tiene palabras para poder ser descrito, pero como todo aquel que pone precio a sus servicios, Sheila me acercó una tarjeta con el número del móvil y con los servicios que ofrecía al precio mínimo de 60 €.

P.D: Recuperé los boxer y todos los primeros lunes de cada mes gasto un dinero extra para cubrir las necesidades primarias junto al aliento de ella.

martes, 30 de diciembre de 2008

AL OTRO LADO

Son las 23.00 hrs y, como todas las noches, ahí estoy conectado a la red esperando que mi confidente haga acto de presencia. Y lo hace con puntualidad británica.

Nos conocimos sin buscarnos, fruto de la casualidad que une dos destinos. La magnitud de la red encierra millones de misterios y de historias que dan comienzo con finales de película.
Este fue uno de esos finales. El chat es lo que tiene, comienzas a flirtear, a contar mentiras banales que hacen que la personalidad de cada uno vaya creciendo y pasas de ser un simple comercial de un ‘Casi todo a 100’ a una importante persona de negocios que necesita una relación virtual para suplir la carencia afectiva de quien un día le dijo el ‘sí quiero’ frente al altar.

Pero ahí estaba ella, con una retórica implacable que me enganchó desde aquel primer ‘hola’. No lo sé, quizá el canal del chat en el que me encontraba, quizá el momento personal que estaba atravesando o Dios sabe qué, quedé atrapado en su tela de araña cual insecto volador escuchando la melodía que tejían sus palabras.
De las mentiras pasamos a las verdades, a la sinceridad más absoluta y a las fantasías más íntimas que no nos atreveríamos a contar en el tête à tête.

La fecha para nuestra primera kdd estaba decidida. Nos habíamos visto tantas veces por la cam que no haría falta llevar distintivo alguno y, cuando llegó el momento, allí estuvo. Con una cola de caballo, un escote generoso, unas caderas bamboleándose al ritmo de los tacones de vértigo y... su marido.

Hoy por hoy vivimos los tres juntos y, a veces, revueltos.

viernes, 26 de diciembre de 2008

112

El sonido de las sirenas hace temer lo peor. En plena Plaza de Callao aparca la ambulancia y los técnicos del SAMUR bajan a toda prisa por la entrada del metro. A los pocos minutos suben un cuerpo que parece tener un hilo de vida en la camilla cubierto por una manta térmica. Antes de llegar a la UCI móvil hacen una parada para reanimar al cuerpo. Pero no, por mucho que lo intentan los sanitarios allí presentes, no consiguen volverlo a la vida.

La gente se arremolina. Entre ellos está Sergio, un joven periodista de calle que, libreta en mano, está dispuesto a ‘cazar’ toda la información necesaria para poder dar parte ‘in situ’ en la crónica de sucesos que todas las mañanas le toca preparar en la sección local de su periódico.

Aquel mismo parte que preparaba para su crónica podía ser un caso interesante para el reportaje que estaba preparando para un próximo dominical. Podría ser el punto de partida para el reportaje acerca de los muertos anónimos que recoge la morgue y que no son reclamados ni identificados por los familiares cercanos.

El cuerpo no presentaba identificación alguna, el aspecto físico un tanto ajado, sucio y descuidado, el carrito de la compra cubierto de un sinfín de capas de mugre que habían subido los técnicos del SAMUR por las escaleras, las J’hayber del número 43 que portaba aquel cuerpo diminuto. Todo aquello indicaba que tardarían en identificar el cuerpo. Y así fue. Seguí el caso de cerca y tras dos semanas de larga espera, los funcionarios del Ayuntamiento sacaron al cuerpo de la morgue y lo condujeron hacia los nichos del Cementerio donde lo cubrieron con una sencilla lápida de mármol donde se leía 112.

martes, 23 de diciembre de 2008

AMARGA VENGANZA

24 hrs antes de que se celebrara uno de los acontecimientos de mi vida sonó el timbre de los mensajes que tengo en el móvil con la versión de R. Keating ‘If tomorrow never comes’. Es una canción que viene a decir que hay que aprovechar los momentos para expresar los sentimientos a las personas con la que compartes tu vida y a tu pareja también.

Entré en el menú y me dispuse a leer el sms. Cuando leí el nombre del remitente mi corazón dio un vuelco. No podía ser. Era mi ex y el mensaje decía: “Spero q seas muy feliz xo recuerda q tu alegría s directamt proporcional a mi tristeza. TQ. Siempre serás mi niña”.

¿Por qué tenía que mandarme ese mensaje justo el día antes de casarme?, ¿Qué pretendía?. Siempre habían circulado los rumores de que él aún seguía enamorado de mí. Pero la relación que tuvimos durante aquellos cuatro años tan intensos fue difícil. Tan pronto estábamos en el punto más álgido como caíamos en la más grande de las indiferencias. Amistad y sexo eran nuestros puntos fuertes. Compromiso, respeto, fidelidad y equilibrio los más débiles.

Él era como una droga dura que te atrapa y no deja que te vayas.

La curiosidad y el sentimiento silenciado que aún tengo hacia él hizo que le devolviera el mensaje con un texto: “Gracias. Siempre tendrás reserva2 un hueco en mi corazón. Tb tq, xo d otra manera. Suerte n la vida. Tu niña”.

El que pensé que podría llegar a ser uno de los días más felices se truncó en el día más triste de todos los que he vivido. Aquel mismo día, la prensa local reflejaba en sus titulares de sucesos ‘Muere en extrañas circunstancias M.P.R’.

No me casé.

viernes, 19 de diciembre de 2008

COSAS DEL DESTINO

23 de Junio de 1982, en plena efervescencia del mundial de fútbol. Paredes y vallas publicitarias forradas con la imagen de ese cítrico en pantalones cortos. 32 ºC a la sombra y gente acelerada allá por donde llega a alcanzar la vista.

Allí me encontraba yo, en el subsuelo de Madrid, dispuesto a coger la línea de metro adecuada que me ayudara a llegar a casa y descansar así mis huesos en el estudio destartalado de Lavapiés.

Pero el destino es caprichoso y como si tuviera que suceder, sucedió.

Desde que nos conocimos en aquel vagón de metro sabía que algo especial estaba punto de ocurrir. Aquella mirada que cruzamos y, mantuvimos durante 2 infinitos segundos entre la multitud, hizo que mis piernas temblaran y que mis axilas y frente comenzaran a destilar gotas de sudor a doquier, cual juvenil en puertas de perder la virginidad mejor guardada.

El destino hizo que nuestros pasos se dirigieran a la misma salida. Desde que iniciamos el camino por aquellos pasillos, mi mirada iba dirigida al dulce balanceo que mostraban sus caderas y al compás que marcaban sus tacones por aquellos interminables caminos de terrazo barato. Ella se giró y, como si nos conociéramos de toda la vida, entablamos una conversación por aquel angosto pasillo de metro. Nuestra química fue increcento y las sonrisas y miradas que nos regalábamos hicieron que en medio de aquel trajín de gente que iba y venía, nos fundiéramos en un interminable beso húmedo.

Aquel fue el inicio de una relación que, como si no pasara el tiempo, seguimos manteniendo y reafirmando cada vez que nos vemos. Son ya 23 años en la clandestinidad... y subiendo.

domingo, 14 de diciembre de 2008

LA SEMILLA DEL DIABLO


La vuelta del largo viaje que tuvimos que realizar para visitar al ilustre ginecólogo Dr. Durántez hizo que albergáramos algún tipo de esperanzas.

La receta que nos dio, parecía contener la fórmula mágica para que mi organismo pusiera en marcha la maquinaria que todas las féminas tenemos instalada a modo de sistema operativo, y que iba a hacer de mí una mujer fértil.

Él reúne las condiciones más idóneas para ser el padre de mi hijo. Un hijo que deseo. Un hijo que hará que complete una etapa más en mis 25 años de vida.

Desde fuera me lo dicen, pero parece que mis ojos se niegan a ver la realidad que el resto de los humanos sienten pero que yo quiero obviar. Para mi él es casi perfecto, con lo bueno y con lo malo lo es todo. Me tiene absorbida.

Ha sido el único hombre con el que me he realizado, al que he acompañado en los momentos difíciles, con el que me he reído y con el que he llorado. Ahora lo empiezo a ver, siempre he sido yo la que ha hecho algo por él. ¿Y el conmigo?

La última noche que estuvimos juntos, hicimos el amor; o por lo menos eso creí yo. Luego me di cuenta que las palabras de cariño que salían de su boca estaban dirigidas a conseguir el objetivo final, la carne.

Hoy le doy las gracias, ya soy consciente de todo. He tardado en darme cuenta y en abrir los ojos, pero el muy cabrón ha conseguido que lo hiciese a base de escupitajos, insultos y puñetazos que arremetió contra mí por el mero hecho de charlar con un amigo. Le denunciaré. Ni soy la primera ni seré la última.

Hasta aquí hemos llegado. No quiero la semilla del diablo en mi cuerpo. Hoy pongo yo el punto y final a esta comedia, a esta mentira que ha sido mi relación con la persona a la que un día quise pero que hoy detesto.

sábado, 13 de diciembre de 2008

DESDE LA AZOTEA


20.01 hrs_ Acabo de terminar de colgar la ropa en la azotea. La dulce brisa que corre a estas horas del atardecer, y el sonido que acompaña al movimiento de camisas y sábanas meciéndose libremente al compás que dicta el viento, hace que me disponga a observar, a escuchar y a disfrutar del momento apoyado en la repisa que divide la terraza del abismo que supone la planta 14.
Como siempre que acudo a colgar la ropa, voy acompañado de mis pequeños pero potentes prismáticos. Como buen voyeur, mi labor consiste en observar los cientos de movimientos anónimos y simultáneos que surcan las calles, así como las decenas de ventanas que pueblan las fachadas de los enormes edificios que están frente al mío. Cada cortina abierta es una incitación a mis ansias por invadir la intimidad de las personas que viven al otro lado.

20.12 hrs_ He decidido parar el barrido general que suelo hacer, ante su ventana. Ahí está, tumbada en el chaiselonge del salón viendo la tele y con el ventilador que, a pleno rendimiento, hace ondear su pelo.
Cada vez que tiendo la ropa, no hago otra cosa que pensar en ella, en los momentos de intimidad que he disfrutado en la distancia. Solos ella y yo separados por la masa de aire que divide nuestros edificios.

20.18 hrs_ Acaban de llamarla al móvil. Siempre que recibe una llamada se le pone esa cara de ángel que hace que cualquier persona se quede prendado de la luz que transmite su rostro y su sonrisa.
Qué bonito es estar ahí, mirando sin hacer nada. Disfrutando del hecho de contemplar los momentos únicos y personales de los demás.

20.23 hrs_ Mañana será otro día. Recogeré la colada y volveré a mirar por ella.