No paraba de rumiar chicle. Su mandíbula era la viva imagen de la quijada de una vaca que pace en esos verdes prados cántabros. Don Vicente marcaba la diferencia con aquella especie del reino animal haciendo enormes pompas que iba explotando a modo de pedorretas.Desde que pasé por sus manos reconozco que mi vida cambió. Me enseñó a ver que los quebrados no eran quebradores de cabezas, que las frases eran más simples que complejas y que las ciencias eran las explicaciones de lo que en apariencia era inexplicable.
Sencillez ante lo complejo, ese podía ser el resumen de su vida.
Los años me ayudaron a entender que cualquiera que hubiera padecido lo que D. Vicente, hubiera caído sumido en la más oscura de las tinieblas y habría terminado pasado de rosca, o a lo peor, colgado de la misma manera que el Iscariote. Efemérides del 15 de junio del 63. Ahí estaba la respuesta




























